I ain’t no Houellebecq girl

Leí Ampliación del campo de batalla hace unos pocos meses, pero ya no recuerdo muy bien su argumento ni sus personajes. Lo que sí persiste indeleble en mi mente es la desazón que provoca su lectura, esa angustia abrumadora por un mundo desalmado, ese asfixiante no-hay-nada-que-hacer que también me provocaron, cada una a su manera, El proceso de Kafka y El extranjero de Camus.

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El hombre gris que protagoniza la novela de Houellebecq quiere escapar, cambiar o al menos destacar en su pequeño mundo, también gris. No soporta ser otro peón silenciado y conformista de un capitalismo que siente ajeno, aunque realmente es tan parte integral de él como tú, que lees esto en tu smartphone última generación, o yo, que escribo estas palabras en un iMac fabricado en China. Le es imposible encontrar un sentido a su vida, ni siquiera tiene la voluntad o el deseo de buscarlo. Todo es soledad, vacío, nada.

A pesar de los esfuerzos del hombre gris por ser algo más que un número, la masa-mundo lo engulle completamente, una y otra vez, sin posibilidad de escape. Al principio se resiste e intenta no someterse al mismo yugo que todos los demás, pero no tarda en decaer y volverse depresivo. Mejor dicho: lo vuelven depresivo, lo apartan, lo silencian, lo anulan. A los disidentes como él los encierran en algún rincón de la nada para no molestar al Gran Mecanismo que mueve los hilos, junto a otros títeres con voluntad de emancipación o titiriteros maniobrando en torno a su libertad de expresión. El hombre, junto a otros de su misma gama de grises, deberá callar y bajar la cabeza por decreto ley, aprender a ser dócil y autocensurarse hasta caer rendido definitivamente a su depresión o locura o muerte-en-vida.

“[…] no podías seguir viviendo en el campo de la norma; por eso tuviste que entrar en el campo de batalla”.

Aún así, fuerza la maquinaria una última vez y decide hacer algo que nadie espera que haga: cometer un asesinato. Si bien nunca explicita que su inspiración es el Meursault de Camus, su subconsciente (y el lector) lo sabe: es muy probable que le hicieran leer El extranjero en el instituto y considere el existencialismo 2.0 como única vía de escape. O quizás no sea más que uno de esos individuos con tara que nuestro estado del bienestar produce y desecha a las primeras de cambio como si fuera un barril de residuos tóxicos que hay que enterrar.

Mis recuerdos sobre la novela de Houellebecq ya no son más que volutas de humo, unas pocas sensaciones que alguien parece haber extraído de mi compartimento mental dedicado a la literatura y cambiado de sitio, mezclándolo sin pedirme permiso con mi confusa concepción de la macroeconomía, mis rudimentarios conocimientos de informática y lo que recuerdo del yuppie chalado que protagonizaba American Psycho. En cualquier caso, una cosa me quedó clara después de leerla: el sistema siempre gana.

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* Mis disculpas a Gwen Stefani por fusilarse el título de su temazo y al posible lector por la incongruencia entre el título y el contenido del texto, pero ha sido imposible evitar la tentación. 

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[Cita extraída de “Ampliación del campo de batalla” de Michel Houellebecq. Ed. Anagrama, 1999. Traducción de Encarna Castejón]

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